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 "El ABC DE LA CRIANZA RESPONSABLE"

 

MADRID, 23 Abr. (Infosalus/EP) -

Una parte muy importante del desarrollo infantil pasa por las reglas para convivir que los padres deben enseñar a sus hijos. Los normas básicas coinciden en brindar a los menores un ambiente seguro y afectuoso en el que desarrollen su autoestima y aprendan a relacionarse con los demás de forma saludable.

El Colegio Real de Psiquiatras de Reino Unido publica en su sitio web en Internet (www.rcpsych.ac.uk) documentos informativos dirigidos a padres, profesores y cuidadores bajo el título 'Salud mental y crecimiento'. Estas recomendaciones ponen el acento en la importancia de desarrollar habilidades para la crianza desde los primeros años de vida de los menores.

Los especialistas británicos apuntan que las reglas son una importante parte del día a día que hacen posible la convivencia entre las personas. "Si el niño no aprende cómo debe comportarse, le será difícil relacionarse con otros niños y con los adultos. Los niños encontrarán difícil aprender en la escuela, se comportarán mal y probablemente sean infelices y se frustren", explican en la web.

 

La clave está en descubrir estrategias que funcionen bien tanto para los padres como para los hijos y para facilitar este cometido fundamental, los psiquiatras británicos aportan algunas ideas:

1. Sea claro y constante: si no se atiene a las reglas, sus hijos aprenderán que si las ignoran probablemente usted terminará por claudicar. La experiencia personal sobre la infancia es muy importante. Incluso si desea hacer las cosas de forma diferente a lo que vivió cuando niño, puede encontrarse haciendo lo mismo con sus hijos o incluso todo lo contrario. Es útil tener como objetivo ser tan claro y coherente como sea posible. 

2. Utilice los elogios: haga saber a sus hijos cuándo hacen algo bien y cuándo se siente feliz con ellos. Puede, por ejemplo, darles un abrazo, un beso y decirles lo maravillosos que son. Esto es importante hacerlo de inmediato tras la acción a elogiar.

3. Planifique por anticipado: esto ayuda si usted y sus hijos conocen las reglas para situaciones particulares antes de que sucedan. No cree estas reglas sobre la marcha, si por ejemplo la hora de ir a la cama son las 8,30, asegúrese de que todos lo sepan y aténgase a ello.

4. Implique a su hijo: siéntese con sus hijos y hable con ellos sobre la buena conducta. Se sorprenderá de descubrir que existen más coincidencias que diferencias en este sentido.

5. Mantenga la calma: esto puede ser difícil en el calor del momento pero ayuda. Esté calmado y sea claro en sus directrices como "por favor apaga la televisión" o "es hora de ir a dormir".

6. Sea claro con su hijo: decirle al pequeño 'se bueno' no basta, hay que decirle exactamente lo que se espera que haga, si el niño no puede entendernos difícilmente obedecerá. Sea breve y simple con indicaciones del tipo "por favor, guarda tus juguetes".

7. Sea realista: no lo es si promete una recompensa extraordinaria o amenaza con un castigo horrible cuando no va a llevarlos a cabo. Es mucho mejor ofrecer pequeños premios en vez de castigos. Por ejemplo, "cuando hayas ordenado tu habitación, puedes tomarte un helado". No espere milagros, si su hijo ordena sólo en parte la habitación elógielo por haber empezado la tarea.

8. Dé importancia a su relación: cuando existen dificultades es fácil olvidar que también existen los buenos momentos compartidos. Todo el mundo puede acabar sintiéndose enfadado y disgustado. Por eso necesitaplanear buenos momentos en común. Puede jugar a algo, leer o cocinar con sus hijos durante al menos 10 minutos al día.

9. Muestre un frente común: si los padres discrepan sobre las reglas y lo que esperan de sus hijos, éstos podrían sentirse confundidos porque no saben qué se espera de ellos. Pueden descubrir que si preguntan por separado a cada padre obtendrán una respuesta distinta. Por ello, si los padres están juntos o si viven por separado es importante, hasta donde sea posible, que todo aquel que cuide de los niños esté de acuerdo en los aspectos más importantes y en las conductas que quieren fomentar en los menores.

10. Fomente las conductas positivas: la crianza puede ser un trabajo difícil, tanto emocional como físicamente. Es fácil dejar las cosas pasar si está estresado, deprimido, cansado, muy ocupado o no tiene quien le ayude a cuidar de los niños. Sin estímulos y expectativas consistentes, los niños pueden desarrollar malos hábitos en su conducta.

Los especialistas británicos apuntan que ante la existencia de problemas en la crianza es bueno hablar con otros padres o amigos, los profesores del niño e incluso su pediatra. "Cambiar la conducta de un niño puede ser algo lento y difícil pero se puede conseguir", añaden.

Si el problema de comportamiento es grave, el pediatra puede aconsejar la participación de algún especialista en el ámbito de la salud mental en niños y adolescentes que puede ayudara descubrir qué está causando el problema y sugerir métodos prácticos que ayuden a superar la situación, concluyen los psiquiatras.

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AFRONTAR EL DIAGNÓSTICO DE LA ENFERMEDAD CRÓNICA EN NIÑOS.

A cualquier edad el tener que enfrentar la realidad que implica una enfermedad crónica, es un hecho realmente estresante. Sin embargo cuando se trata de un niño, es mayor la dificultad para encuadrarlo en nuestros esquemas. Deseamos verles crecer sanos, alegres, disfrutar de la vida que están empezando a descubrir; y de repente llega el diagnóstico y todo cambia. El impacto que implica para todo el núcleo familiar, padres, hermanos etc. requiere del apoyo, información y orientación adecuados para afrontar de manera efectiva la nueva situación.

A continuación comparto las "RECOMENDACIONES DE LA APA" para afrontar el diagnóstico de la enfermedad crónica en niños.  Psico-Nous. 

 

 

La Asociación Americana de Psicología (American Psychological Association, APA) ha publicado un artículo en su página Web dirigido a padres y cuidadores de niños que han sido diagnosticados con una enfermedad crónica, ofreciendo diversas recomendaciones orientadas a afrontar esta situación de forma adecuada.

Tal y como señala la APA, asumir que un hijo tiene una enfermedad crónica puede ser una experiencia “particularmente devastadora” para los padres. Ante un diagnóstico de este tipo, los progenitores suelen experimentar una serie reacciones típicas, tales como sentimientos de tristeza, culpa e incluso ira.

La primera recomendación que establece la Asociación, es la de aceptar el diagnóstico y tratar de normalizar la enfermedad. Sin embargo, en algunos casos –a saber, enfermedades con pronóstico incierto o situaciones en las que no se puede aliviar el malestar del niño-, los padres pueden llegar a sentir una pérdida de control de la situación. Este sentimiento de falta de control desemboca en altos niveles de estrés que, lejos de ayudar, pueden afectar negativamente al bienestar del enfermo.

Por esta razón, es importante tratar de manejar el propio estrés. Para ello, el texto aconseja construir una buena red de apoyo social para aliviar la carga emocional, reservarse un tiempo para cuidar tanto la salud física como la mental (llevando a cabo conductas saludables -una adecuada alimentación, hacer ejercicio…-, actividades o pasatiempos que puedan contribuir a reducir el estrés, etc.), y teniendo siempre claro que no hay que sentirse culpables, pues “ayudándose a sí mismos también ayudan a sus hijos”.

En relación con el niño, el poder desenvolverse en un entorno familiar estructurado es una premisa fundamental para aumentar su sentido de control. Por esta razón, es imprescindible mantener, dentro de lo posible, las mismas rutinas y formas de disciplina previas, sin sobreprotegerlos ni volverse excesivamente permisivos, pues un cambio de este tipo puede confundirlos e incluso asustarlos.

Asimismo, hay ocasiones en que los niños quieren informarse sobre su enfermedad. En este caso, es esencial determinar lo que ya saben y lo que quieren conocer, proporcionándoles la información apropiada para su edad y sus necesidades, resolviendo así posibles dudas y temores derivados de la incertidumbre.

En cuanto al ámbito escolar, los niños enfermos pueden sentirse aislados en la escuela y mostrarse inseguros ante la posibilidad de afrontar cualquier pregunta relacionada con su enfermedad. Un recurso útil para ellos puede ser ayudarles a preparar un pequeño guión para poder contestar a posibles preguntas sobre su estado y/o explicar su enfermedad de forma adecuada y precisa a sus compañeros.

Por otro lado, la nueva situación también genera reacciones encontradas entre los hermanos del niño enfermo, por ejemplo, sentimientos de culpa, celos e incluso temores. Por esta razón, el artículo aconseja a los padres: buscar un tiempo especial para ellos solos, realizando actividades que a ellos les gusten y haciéndoles sentir que también son importantes; hacerles partícipes de lo que sucede, informándoles sobre la enfermedad y animarlos a “formar parte del equipo”, involucrándolos en el cuidado de su hermano o hermana.

Para finalizar, la APA insta a los padres a contar desde el primer momento con la ayuda de un profesional de la Psicología, subrayando el papel fundamental que juega el psicólogo tanto desde el diagnóstico de una enfermedad como a lo largo de todo el proceso de tratamiento.

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El viaje de María.

El autismo descrito de manera breve y original.

"EL BOSQUE ENCANTADO"

Una explicación atractiva para los menores de lo que son las emociones.

 

 

 

 

 

 

 

Enseñarás a volar, pero no volarán tu vuelo

Enseñarás a soñar, pero no soñarán tu sueño

Enseñarás a vivir, pero no vivirán tu vida

sin embargo, en cada vuelo, en cada vida y en cada sueño,

perdurará la huella del camino enseñado.

 

-Madre Teresa de Calcuta.

 

 

 

Un saludo,

Psico-Noús.